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Historia de un primer Curso

Publié le par Aficionados Practicos sin Frontera

Historia de un primer Curso

Esta historia jamás habría podido ser escrita si la mujer a la que amo no me hubiera dicho de tirar para adelante, de ir al cabo de mis sueños, al cabo de mis pensamientos. Quiero agradecerla y decirle cuánto la quiero.

Cualquier aficionado ha toreado en su cocina con una toalla dibujando verónicas o con una percha pegando naturales de arte. Algunos fueron a una sastrería de toreros para comprar capote y muleta, para interpretar a su manera durante horas y horas una semblanza de toreo de salón. Y otros pocos se enfrentaron al único animal bravo de la creación.

Hace algunos años que brotaba en el fondo de mi espíritu el hecho de organizar un curso intensivo para aficionados prácticos. Pero tenía pocos amigos motivados para entrenar intensivamente durante 4 días y proyectándose en la piel de un “torero”. Un día conocí a un hombre al destino extraordinario, David White “El Irlandés”. Me habló de un curso para aficionados prácticos que había hecho y que duraba cerca de una semana. Mi sueño del curso renacía, tal y como había podido imaginarlo. Un Curso Intensivo Internacional, en 3 idiomas, en el cual podrían participar hombres y mujeres del mundo entero.

Un curso de 8 horas de teoría está muy bien, pero ¿qué podría dar un curso intensivo para “vivir en torero”? ¿para sentirse torero? 4 días de inmersión total. Más de 35 horas de “tauro magia”. ¿Acaso tal curso era realizable? Esa era la pregunta a la cual quería responder.

A principios de agosto tomaba los primeros contactos. Los maestros, las ciudades, los hoteles, las plazas, la ganadería… Preparé un programa y empecé a comunicar en las redes sociales. Las opiniones de los aficionados eran buenas. La crítica también.

¡Me tiré al ruedo! El curso se daría del 18 al 21 de octubre del 2012.

Las inscripciones se hacen esperar. Algunos dicen sí, luego se rectractan. Otros confirman. Las excusas son legiones y podemos comprenderlo. No es fácil de liberarse durante 4 días.

7 inscritos. Dos españoles: Manolo y Soraya; un danés: Andrés; un alemán: Martin; 2 belgas: François y Esteban; y un francés: Patrick. Los maestros son españoles, irlandeses y colombianos. ¡Y que me digan que la Fiesta no es Universal !

Estamos listos para 4 días de curso intensivo. 4 días que van a cambiar nuestras vidas, pero aún no lo sabemos.

Jueves 18. 10 de la mañana. Aeropuerto de Barajas. Primer contacto. Carretera hacia Alcázar de San Juan.

Son la 3 y media. Pisamos por primera vez un lugar magnífico, que es la plaza de toros de Alcázar de San Juan (8.000 localidades vacías miran a estos extranjeros misteriosos entrenarse, como hacen los toreros). Primeros contactos con los trastos. Los maestros están allí para ver el nivel de cada uno. Algunos tienen un buen nivel y otros empiezan. Pero cada uno está allí para progresar. Los medios de comunicación locales hicieron el desplazamiento, abrimos el telediario de Castilla-La Mancha TV, de Alcázar de San Juan y de Tomelloso. Al día siguiente, también estábamos en los periódicos locales y hasta tenemos un artículo en el ABC. ¡Qué honor ! A las 20 horas llegamos al hotel. En una salita privada nos reunimos para recoger las opiniones de cada uno. Luego una ducha y a cenar todos juntos, para continuar de tertulia sobre el torero. Uno de nuestros maestros es colombiano. Vivió entre los indígenas y tiene una filosofía del toreo y de la vida que nos entusiasma. Nos forma, nos mentaliza, nos prepara para sobrepasar nuestros miedos. Son las doce de la noche y mañana primer día de tentadero. Los rostros empiezan a crisparse.

Viernes 19. 9 de la mañana. Salida para Miguelturra a 5 minutos de Ciudad Real. Llegamos a la plaza de toros de este pueblo de La Mancha a las 10 para 3 horas y media de curso. Los movimientos son repetidos por centenas de veces bajo las miradas y los consejos de los maestros. «¡Así, no!, ¡Así!, ¡Vuelve a empezar!, ¡Crúzate!, ¡Toca! » Duelen los brazos, las piernas también. Sudamos, pero es para nuestro bien, sentimos que progresamos.

Capote, banderillas, muleta y carretón de muerte. Encadenamos los talleres. Son las 2. Vamos a comer. Mi estómago se anuda. Me es imposible comer. Las vacas nos esperan. Me dijeron que no eran pequeñas pero tampoco muy grandes. Estas frases de las que los allegados de los toreros saben el secreto, pero esas frases que no tranquilizan a nadie.

Las 4 y media. Llegamos a la ganadería, escogemos entre una treintena de vacas, cuáles íbamos a torear (nacieron en 2009 y 2010, ni tan pequeñas ni tan grandes). El Maestro me tranquiliza. Me dice que salen muy buenas y que vamos a disfrutar. La puerta se abre. La primera vaca sale. El Maestro tenía una vez más la razón. Las vacas salen extraordinarias. Hasta los profesionales piden para salir y disfrutar de tanta nobleza. Durante las dos horas, vivimos un sueño despierto. Los malos y menos malos pases, se encadenan bajo las directivas de la cuadrilla.

Algunos hasta logran ligar alguna seria. Martin, el alemán, tiene cualidades enormes y sobretodo, se atreve. No le importa los revolcones, ¡qué felicidad! Manolo, uno de los españoles que torea la semana siguiente un festival, muestra su nivel, todo pasa con facilidad.

Pero también pasamos por algún apuro. Andrés, el danés, es reenviado al burladero cojeando de mala manera. François, el belga, se parte casi el hombre de una mala caída. Soraya, la única mujer, se encuentra en el suelo bajo la vaca y pasa algunos segundos de angustia. Patrick, no se atreve a salir. El Maestro le coge por el brazo y da algunos pases con el alumno a su lado. Patrick tiene miedo. Esto se lee en su rostro. Es su primer contacto con el animal bravo y aunque otros se hacen los valientes, el miedo se lee también en sus caras. A pear de todo, fuimos felices. La última vaca vuelve al campo. Nos abrazamos, nos reímos, estamos más vivos que nunca. A las 20 horas, es buena hora para tomarse algunas cañas. Revivimos las faenas. Los maestros nos dan sus impresiones. Momentáneamente ponemos fin a la tertulia. Vuelta al hotel. Con vídeo de apoyo, nos explican nuestros errores, nos responden. El aprendizaje sigue. Las doce y media de la noche y todo el mundo a la cama porque mañana otro día nos espera.

Sábado 20. 9 y media de la mañana. Plaza de toros de Alcázar de San Juan. Llueve, pero nada detiene a nuestros maestros. Todos al ruedo. Calentamiento y otras 3 horas y media de toreo de salón. Vuelven a hablar de nuestros errores de la víspera. « ¡Aprende a perder pasos!, ¡El toque más suave!, ¡Estira el brazo!, ¡Saca el pecho!, ¡Sé torero! ». Tenemos agujetas. Sudamos pero sabemos que la gloria tiene un precio. Y queremos triunfar esta tarde.

La comida del mediodía pasa con menos dificultades. Las caras estás más relajadas pero estamos todos impacientes de volver a medirnos a nuestro animal tótem.

Volvemos a la finca. Cada uno toma sitio en su burladero. Un silencio religioso hizo sitio a las risas. La puerta se abre de nuevo. Manolo para la vaca con el capote. Sigue Martin, Esteban, François. Los progresos son evidentes. François, el belga, que el día anterior no lograba controlar su cuerpo, se coloca, toca una primera vez, la vaca lo desarma. Se vuelve a poner en el sitio y allí es su primer momento mágico. Dos derechazos y un pase de pecho. El hombre está feliz, sus ojos brillan, lo hizo, fue torero. Le toca el turno a Patrick, el parisino, pide la ayuda del Maestro, éste hace pasar la vaca hasta el momento cuando se retira dejando a Patrick sólo frente a su destino. El hombre tiembla, una muleta en la mano frente al animal. La asistencia lo anima « Vamos, la vas a conseguir », y milagro un pase y otro más, la vaca pasara dos veces rozándolo. Está a punto de llorar. Realizó un sueño. Superó sus miedos.

Otra vaca sale. Ésta es más complicada. Su mirada no te suelta pongas o no la muleta. Hace falta valor para dejar la muleta puesta y citar, esperando la carga indecisa del animal con las piernas quietas. Pero en nuestras cabezas suena la voz de los indígenas colombianos « debes tener confianza en ti y en el animal ». Y es verdad, el animal pasa y repite, tengamos confianza en nosotros.

El día se termina, tenemos la impresión de que todavía éramos unos niños ayer y hoy somos unos hombbres preparados para enfrentar nuestro destino de cara.

La noche se convierte en fiesta. Hablamos de toros hasta el amanecer…

Me acuesto. Son las 6.30. advierto a los alumnos, dentro de 3 horas todo el mundo debe estar en pie. Algunos se ríen y otros me toman por un loco.

Domingo 21. Las 9. Me dicho. 9.30 revisión de las habitaciones. Todo el mundo duerme. Tamborileo a las puertas « ¡Venga de pie los fiesteros! ¡15 minutos para prepararse. Todo el mundo a las 10 en la plaza!» «¡Cuando se puede salir de copas, se debe uno levantar para ir a entrenar!»

A las 10, todos estábamos en la plaza para el último entrenamiento. La lluvia paró para dejarnos disfrutar por última vez. Cada uno pasa a su turno por una muestra de toreo de salón. Los maestros están encantados de ver los progresos.

Ha llegado la hora de los abrazos. Nos damos cita en marzo. Es una certeza. Este curso debe ser vivido. Es una aventura maravillosa, taurinamente y humana, durante la cual aprendemos sobre el toreo, sobre las relaciones humanas, pero sobretodo durante el cual aprendemos muchísimo sobre nosotros mismos.

Quiero agradecer a los Maestros Aníbal Ruiz, David White, Oscar el colombiano, Manolo Castellanos y Oscar Castellanos.

Quiero dar las gracias a todos los participantes que han confiado en este proyecto. En quienes vi en los ojos la emoción, la alegría y la felicidad durante estos 4 días.

Gracias a mi mujer, Manon, sin quien este sueño despierto habría quedado en un sueño imaginario.

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